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Imprescindibles

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Hay una carrera por escribir las reglas de la inteligencia artificial (y la industria va ganando)

Hay una carrera por escribir las reglas de la inteligencia artificial (y la industria va ganando)

Hay una carrera por escribir las reglas de la inteligencia artificial (y la industria va ganando)

"No permitan que la industria escriba las reglas para la Inteligencia Artificial". Es el título de un artículo del catedrático de derecho de la Universidad de Harvard, Yochai Benkler, publicado este mes en la revista Nature. Benkler, uno de los mayores expertos en derechos digitales, evidencia desde la primera línea la carrera por definir las normas que regirán el futuro de esta tecnología, con un corredor que ha tomado la delantera: "La industria se ha movilizado para dar forma a la ciencia, la moralidad y las leyes de la inteligencia artificial".

La táctica es colapsar el debate con un "blanqueado ético", avisa Benkler. Las grandes tecnológicas están invirtiendo mucho dinero en foros e investigaciones universitarias sobre cómo hacer que la inteligencia artificial se desarrolle con una base "ética". El experto alega que a Google (que tuvo que disolver un grupo de expertos sobre la ética de la inteligencia artificial por las críticas recibidas), Facebook (que fundó el Centro de Ética e Inteligencia Artificial de la Universidad de Múnich poniendo 7,5 millones de dólares encima de la mesa) o Amazon (que financió con otros 7,6 millones una convocatoria sobre ética e IA de la Fundación Nacional de Ciencia de EEUU) la conversación sobre la ética les interesa. Distrae la atención de otras cuestiones.

Una de ellas, detalla el experto, es que estos algoritmos funcionan como "una caja negra" en la que "los sesgos sociales se vuelven invisibles e irresponsables". Una inteligencia artificial pueden entrar para obtener un crédito o calcular la póliza de un seguro de vida. Pero también puede ir más allá y, por ejemplo, hacer un primer filtrado de los candidatos a un puesto de trabajo. Lo que le pasó a la IA de Amazon encargada de esta tarea es que, tradicionalmente, en la empresa los hombres habían ascendido más alto y más rápido que las mujeres, por lo que empezó a impulsar a los candidatos varones por el mero hecho de ser hombres. Tras descubrirlo, la empresa se vio obligada a disculparse y retirar el algoritmo.